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El boom de la ola coreana 

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 Cuando era más joven, solía preguntarme que era eso tan distintivo que tenían los contenidos asiáticos para que se hicieran tan adictivos. en ese entonces, estábamos viviendo el auge de lo que hoy en día ya hace parte de la cultura pop universal. Mi primer acercamiento al contenido asiático fue el mismo que el de muchas personas: el anime. Aunque nunca me consideré fanática, debo admitir que sus historias eran impactantes y su forma de distribución muy llamativa, algo que difícilmente se encontraba en el mercado occidental. Años más tarde, con la viralización de Gangnam Style, comenzaron a popularizarse las telenovelas coreanas y el K-pop. Sin embargo, junto con ese crecimiento también llegó una fuerte estigmatización, tanto hacia los contenidos como hacia quienes los consumían. En mi caso, como buena preadolescente influenciada por las modas del momento, les cerré las puertas ha este tipo de contenidos, aunque en privado aún recuerdo cómo fingía estar dormida mientras mis primas veían los primeros k-dramas televisados en Latinoamérica Con la llegada de la pandemia, el crecimiento de las plataformas de streaming, el éxito internacional de grupos como Blackpink, y la viralización de productos de skincare y la moda coreana, decidí finalmente saciar mi curiosidad. Desde entonces, no hubo marcha atrás. Hoy, como sucede con muchos jóvenes alrededor del mundo, la cultura coreana no solo forma parte de mi día a día, sino que ha transformado la manera en que vemos, entendemos y analizamos los contenidos provenientes de Asia

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